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La memoria de los perros

13 May , 2013  

La memoria en los peros 01Un tema recurrente cuando hablo con mis clientes es aquel relacionado con la memoria de los perros. Este tema es objeto de grandes controversias y desazón entre los dueños de los perros que trato. Cuando les digo que los perros no tienen memoria enseguida se indignan y me dicen: “Pues Toby sabe perfectamente cuando hizo algo mal!!” o también “Si no tuviera memoria no reconocería cuándo es mi marido el que llama al timbre!!”

A los humanos nuestra imaginación puede meternos en problemas cuando en lugar de sueños creamos pesadillas y una vez que ocurre algo negativo (como la incapacidad para controlar a su perro) puede ser muy difícil convencerlo de lo contrario. Cuando sale a pasear, el humano recuerda lo que pasó la última vez, a diferencia del perro que vive el momento y no puede recordar a voluntad como nosotros. Si el recuerdo del último paseo con su mascota fue malo para el ser humano entonces espera que todas las veces ocurra lo mismo.

Por suerte, los humanos tenemos también la posibilidad de usar nuestra imaginación para alejarnos de los malos recuerdos. Los perros sólo pueden reaccionar a algo que ya ha sucedido y a lo que está sucediendo ahora mismo, pero los seres humanos tenemos la capacidad de imaginar y preguntarnos ¿Cómo podría suceder? ¿Qué pasaría si…? Imaginar cosas positivas nos puede dar el impulso necesario para hacerlas realidad. Vayamos por partes.

Tipos básicos de memoria:

Existen tres tipos básicos de memoria: Asociativa, Mecánica y Afectiva.

Memoria Asociativa
La memoria Asociativa es la que permite al perro aprender comandos como “sienta” “tumba” “quieto” “trae” etc…. Un tipo de entrenamiento asociativo es el llamado Condicionamiento Operante. Este término se emplea en psicología y viene a decir que es más probable que un sujeto repita una acción por la cual recibe un estímulo positivo y a su vez evite repetir una acción cuyo resultado es un estímulo negativo. Es una relación de causa efecto. Me das la pata y te refuerzo positivamente con una galleta, el perro asocia el gesto de alzar la pata con algo positivo como una galleta y aprende el comando. O cada vez que me acerco al cubo de la basura suena un ruido fuerte que es desagradable entonces evito el cubo de basura porque he asociado el objeto a un estímulo desagradable. Así es como nuestro perro pacientemente aprende los “truquitos” que los humanos insistimos en enseñarles.
Memoria Mecánica
La memoria Mecánica es la que permite al perro saber que movimientos tiene que hacer para solucionar una situación. Hay perros que son verdaderos especialistas en resolver juegos de ingenio diseñados para ellos en los cuales deben deslizar o levantar una serie de obstáculos para conseguir su premio.
Memoria Afectiva
La memoria Afectiva es la que relaciona el estado anímico del perro con situaciones concretas. Perros que babean o vomitan con sólo intuir que van a subir en el coche. Es decir, un sentimiento con una carga emocional especial que reaparece cada vez que se da una situación que previamente ya adquirió un significado sea este positivo o negativo.

La memoria olfativa en los perros

Al hablar de la memoria en los perros no podemos dejar de lado la más importante, ya que todos sabemos que el olfato es el sentido que los perros tienen más desarrollado. Sólo este tema daría para un artículo completo de modo que ahora no me extenderé en este asunto concreto. Ateniéndonos al tema que nos ocupa, los perros no sólo tienen una gran capacidad olfativa si no que poseen una especie de “almacenamiento de olores”, ellos no son capaces de recordarlos a voluntad, pero en el momento en que entran en contacto con un olor al que hayan estado expuestos con anterioridad lo recordarán inmediatamente.

Una vez expuesto todo lo anterior, hay que destacar que los perros no tienen memoria temporal, es decir, no serían capaces de recordar un momento exacto o una fecha, pero entonces ¿cómo es posible que reaccionen ante determinadas personas o situaciones como si pudieran recordarlas? Tras varios estudios con animales se ha llegado a la conclusión que esto es gracias a la memoria episódica. Este tipo de memoria está relacionada con los sucesos autobiográficos. Por ejemplo, cunando una persona que es conocida pero ajena al entorno habitual del perro llega a nuestra casa y nuestro perro se pone contento puede ser porque asoció dicha persona a algo bueno como caricias o galletas aunque si nuestro perro hablara no podría especificarnos en qué momento del tiempo ocurrió dicha asociación. Podría decirnos; “El abuelo me cae bien porque me da comida” pero no podría decirnos “ayer el abuelo me dio de comer”. Simplificándolo mucho, esto sucede porque la memoria guarda en distintos “cubículos” las habilidades y los recuerdos relacionados con otras personas, pero no mantiene un registro de en qué momento se guardan esos recuerdos.

Las personas con amnesia tienen una memoria parecida a la de los perros. No serían capaces de decirnos su nombre pero si de estampar su firma. Esto sucede porque cuando realizamos una acción muchas veces, se puede repetir sin tener conocimiento de lo que estás haciendo porque se ha convertido en un acto mecánico además de adquirido.

El “arrepentimiento perruno”

Una frase muy habitual es la siguiente: “Cuando llego a casa y Toby hizo algo mal y lo regaño, se arrepiente”
De nuevo tendemos a “humanizar” a nuestras mascotas, no solo pensamos que nuestro perro recuerda lo que ha hecho sino que además, es capaz de saber que ha hecho mal y arrepentirse de ello. Bien, para poder explicar este comportamiento en nuestros perros antes debemos hablar de lo que la etóloga y especialista del comportamiento canino Turid Rugaas llamó “Las señales de calma

calming signals

Según sus estudios los perros tienden a evitar los conflictos antes de resolverlos por la fuerza bruta. Son animales equilibrados que tratan de recuperar dicho equilibrio cuando este se ve afectado. Para conseguir esto Turid Rugaas sostiene que los perros hacen diferentes tipos de “señales” o movimientos visuales y perceptibles para otros perros tales como lamerse el hocico, girar la cabeza, bostezar o caminar despacio y haciendo movimientos lentos y pausados.

Un ejemplo sencillo:

Llegamos a casa después de 8 largas horas de trabajo (en las que nuestro amigo ha estado sólo y aburrido) y cuando abrimos la puerta descubrimos que nuestro perro ha destrozado los cojines del sofá y está todo el salón inundado del relleno de los pobres cojines. Inmediatamente lo llamamos con un tono que no es el habitual y con una postura corporal que no es la habitual. En ese instante nuestro perro intuye que algo va mal (aunque no tenga ni la más remota idea del motivo de nuestro enfado) y en ese momento entran en escena las señales de calma. Nuestro perro ladea la cabeza, se lame el hocico, no nos mira directamente y camina hacia nosotros muy despacito y de forma no directa. Entonces nosotros con nuestra costumbre de “humanizar” a los perros decimos. “Si! Ya sabes lo que has hecho verdad? Perro malo! Haces bien en arrepentirte…”

Nada más lejos de la realidad. Nuestro perro se comunica con nosotros como si lo hiciera con otro perro y trata de decirnos que nos calmemos, que no busca problemas. Sólo está reaccionando a nuestro enfado, pero en modo alguno está relacionando ese disgusto con el destrozo de los cojines. Sólo debemos regañar a nuestro perro si lo pillamos en flagrante delito, no después, porque si bien notará nuestro estado de ánimo y reaccionará al mismo, no será capaz de asociar dicho enfado con la fechoría cometida.

Así pues, no se desespere cuando alguien le diga que “su perro no tiene memoria”, la tiene, pero de una manera diferente a la que la tenemos los humanos.

Fiona Cohen